| Moda En el campo de la moda, decir que el estilista es un genio nos parece una
irreverencia enorme, ya que, en la mitología grecoromana, éste era la divinidad
tutelar de la vida de cada uno. La inventiva y la creatividad son los
sustantivos más congeniales al estilista de moda; cuando sus obras llevan la
huella de la universalidad significa que su talento no está encerrado en sí
mismo, sino que está más cercano a la imaginación. Cuando absorbe la ciencia,
las costumbres y la poesía, o sea todas las sugerencias que provienen de
cualquier lugar, y las transforma en un producto acabado, es arte. Es arte
cuando la creatividad espontánea es alimentada por la memoria histórica y por el
pasado convirtiéndose en variedad y cultura. Es cultura si a la inventiva se le
concede el tiempo de penetrar en nuestro interior para poder asimilar su
corporeidad, su contenido, de crear raíces. No es cierto que en el campo de la
moda ya no se invente nada; no es cierto que cada año se asista a la
presentación de líneas que son el resultado de una pesca descarada en culturas
antiguas como la egipcia, la oriental, etc.... Son viajes en el pasado,
admiración por civilizaciones que han hecho historia en el mundo, fuentes de
inspiración para la renovación de un penchant cultural.
Henos aquí: ha comenzado el tercer milenio y la rendición de cuentas de los
grandes creadores impone una mayor coherencia, una determinación atenta; la
calidad es el mito y a la vez la pesadilla de nuestros días, y su búsqueda
genera manías.
Para el producto italiano “made in America” se necesita una armonía general, un
centro único de organización, que pueda proponerse como punto de referencia
indiscutible y autorizado. La continua renovación de las colecciones debe
basarse en una producción particularmente adaptable a las exigencias más
diversas y a la comunicación dirigida tanto a la comercialización como a los
compradores. |