| Universo Donna EL ÁMBITO DE LA IMAGINACIÓN MASCULINA
¡Queridos varones! Llenos de egoísmo, narcisistas, grandísimos embusteros .
No tienen alma; fingen tenerla; incapaces de dialogar porque están tensos.
He aquí un ejército de hombres que todavía, y estamos en el tercer milenio, se
esconde detrás de la estúpida coraza del “macho”. Para los hombres italianos
nacidos o llegados en edad joven a las geografías americanas el fenómeno es
experimentado en una forma exasperada, ya que no logran expresar un gesto
cariñoso de amistad o de respeto por otro hombre; correrían el riesgo (en caso
de ser vistos por los demás) de ser considerados efeminados o, en el caso de los
anticuados, unos gay.
Estos son hombres programados genética y culturalmente para la batalla, la
guerra, el poder y, por lo tanto, no están absolutamente acostumbrados al
diálogo, a la igualdad, o a la tolerancia. Y a cada uno se le ha garantizado al
menos un poder: el poder sobre su (¿?) mujer. A este privilegio ningún hombre
tiene intención de renunciar. En el fondo, son estratagemas puestas en acto para
no renunciar a su rol de príncipes y dueños. Si no hablan es para que no los
descubran o los pongan en juego.
Si son aburridos es porque no sirve para nada ser brillantes; la mujer es uno de
sus derechos y no necesitan hacer esfuerzos para conquistarla. ¡Viven todavía
con la ilusión de que ellos son los que deciden la conquista! Es triste ver cómo
no logran ser irónicos con ellos mismos. ¿Y cómo podrían, guerreros como son,
reírse de sí mismos, o llorar, o sentir el soplido del alma? Y de esta forma
actúan también al hacer el amor; es un acto físico, el momento ideal para
demostrar su fuerza. De todos modos es posible defenderse de la prepotencia
masculina sin llegar a la guerra. Es completamente inútil tratar de cambiar a
los hombres, es mejor aprender a conocerlos y aceptarlos por lo que son. En
lugar de reaccionar enfurruñándose, es preferible hacer valer serenamente las
propias razones, dándole escasa importancia a sus comportamientos y haciéndole
entender que su juego se ha descubierto. |